La capacidad de elegir

Llegó, vio y venció. Así de sencillo. O, aparentemente, así de sencillo, tanto que podría entrecomillar el inicio y dejar que la frase, por hecha, perdiera su significado. Pero, no, nada más lejos de la realidad.
Kim Clijsters no tuvo fácil ni muchos menos el camino hacia el título del último Abierto de Estados Unidos, conocido en el mundo del tenis como el US Open. La jugadora, recién incorporada al circuito tras 27 meses retirada, en su tercer torneo y con una invitación especial de la organización por estar fuera de ranking, marcó un rastro letal de dominio en el camino para alzar el trofeo y presentarlo junto con su hija a la voracidad de las cámaras de decenas de medios de comunicación de todo el mundo.
Son muchas las razones por las que los medios se han hecho eco especial de este logro. Sin duda, resulta paradójico que pueda conseguirse un Grand Slam tras tanta inactividad competitiva y tan pocos partidos previos de rodaje. Se revela esperanzador que alguien haya sacudido el cartesianismo del juego de fondo de pista que últimamente se prodiga en el tenis femenino. Y hasta resulta humano atribuirle aun más mérito al considerar su reciente maternidad como un hándicap que podría restar puntos a su condición física y convertir la vuelta a la “normalidad” como un proceso lento y dificultoso.

Es verdad que nueve meses de embarazo y un parto (o su equivalente) suponen un desafío físico enorme para cualquier mujer pero la inmensa mayoría da a luz y retorna por gusto o por fuerza a su actividad profesional. Hemos avanzado y mucho. En este caso, si los medios han ensalzado su logro no ha sido por la singularidad de la maternidad en sí sino por lo poco frecuente de que una deportista profesional del nivel más alto decida hacer un paréntesis así en su carrera.

Definida a sí misma como “Madre, esposa, hermana, hija y jugadora de tenis” a los 26 años, el retorno de Kim Cijsters a su entorno profesional podría servirnos de punto de reflexión sobre el límite del sacrificio personal por la tan careada carrera profesional. Con independencia del motivo, el límite de nuestras circunstancias debe estar en el mantenimiento de la capacidad de elegir.

A la hora de establecer las prioridades personales en el tiempo es importante recalcar las ventajas que puede aportar para el crecimiento y maduración una práctica deportiva regular. El ejercicio desarrolla por obligación características físicas, como la fortaleza muscular, la resistencia, la elasticidad de los tejidos o la capacidad de recuperación del esfuerzo, y psicológicas, reflejadas en la capacidad de sacrificio, la constancia o la disciplina. Estas son las razones que permiten a la gran mayoría de las jugadoras, aun teniendo en cuenta la importancia del paso del tiempo en la/el deportista, retornar sin demasiados problemas al más alto nivel de la competición.

De forma particular, el mundo del tenis va a agradecer enormemente el reencuentro de jugadoras como Clijsters, ambas hermanas Williams, Kuznetsova e incluso Henin, recién anunciada su vuelta, en los cuadros de los grandes torneos. Con ellas, el atractivo del tenis femenino está asegurado.

Angeles Jiménez

Publicado por primera vez 22/9/2009

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