Motivación por la tarea

El video fue haciendo un repaso de las habilidades y logros deportivos de cada una de ellas. La Eurocopa femenina como fondo argumental, con imágenes cercanas y muy explícitas de las excelencias deportivas. Ansiedades controladas, miradas aparentemente inexpresivas que no hacen sino revelar la tensión, la expectación por lo que sin duda será en adelante un hito en sus vidas. Pase lo que pase, solo una de ellas sería la ganadora y las otras se quedarían con el apelativo de finalistas, al menos por este año.

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Se trataba de Lieke Martens, Pernille Harder y Dzsenifer Marozsán, las tres candidatas al premio como Jugadora del Año de la UEFA 2016/17. Holanda, Dinamarca y Alemania, los países de nacimiento de las tres, poseen sin duda una larga y exitosa tradición futbolística,… pero en el ámbito masculino. En el femenino, por las razones que todavía lleva aparejadas el deporte de las mujeres, fundamentadas en el desprecio y la dejadez institucional hacia esta mitad de la población, apenas puede confirmarse lo de exitosa. Es cierto, y los datos lo demuestran, que el desarrollo deportivo en estos países, por lo demás civilizados y modernos, ha variado ostensiblemente hacia posiciones de relativa igual frente al deporte masculino. Más, bastante más, y especialmente en fútbol femenino, que en el nuestro.

Como un oasis en mitad del universo de un auditorio casi al completo masculino, melena suelta en dos de ellas y un sobrio recogido en la alemana, las tres respondieron con cierta timidez a las preguntas previas al nombramiento de la presentadora.

Cuando la voz solemne del locutor deslizó por fin el nombre de la ganadora, ni un solo cambio en el gesto se pudo entrever en ninguna de las tres. Simplemente, Lieke Martens se puso de pie, se giró hacia las que hasta el minuto anterior eran sus oponentes. Las mismas que ya estaban levantándose de sus asientos para felicitar cariñosamente y en primicia a la vencedora.

El procedimiento siguió el mismo ritual que las entregas de los trofeos anteriores. Subida al escenario de la elegida, felicitaciones en forma de estrechamientos de mano acabadas con el beso habitual a los presentes, toma de posición a la izquierda del presidente de la UEFA y entrega por fin del enorme trofeo en forma de torso, que, en este caso, como no podía ser de otro modo, tenía formas femeninas.

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En el ritual había siempre una pregunta más de los presentadores que obligaba a los premiados a manifestarse, y, en este caso, el sentido de la respuesta de Martens fue muy sencilla, explícita y aleccionadora: “Es un gran honor. Estoy realmente orgullosa, pero no podría haber logrado esto sin mis compañeras de equipo. ¡No tengo palabras!”.

El acto continuó con la entrega al premio al Mejor Jugador, el último de la ceremonia. Tal y como se esperaba, la elección cayó en Cristiano R. Y aquí acabaron todas las similitudes con la elección anterior. El jugador se puso en pie apenas escuchó su nombre, se abrochó la chaqueta del traje gris claro con chaleco que vestía y se encaminó a las escaleras que llevaban al escenario sin dirigir ni la más mínima ojeada a sus compañeros de espera y oponentes en el nombramiento, sentados en primera fila junto a él. Al llegar al escenario, C. R. pasó por delante de todos los presentes, incluida la fémina, tan premiada y merecedora como él, pero a quien en ningún momento dirigió siquiera la mirada. Huelga decir lo vacío de las contestaciones que dedicó a la pregunta de rigor: ganar y ganar como motivación suprema. Como si los equipos donde él juega, como excepción y por ser quien es, fueran de 1 y no de once.

Hay gestos que por sí solos dicen más que un millón de palabras y esta noche he visto dos que me han confirmado la distancia abismal entre dos mundos, que teóricamente deberían parecerse pero que en la práctica, por educación y por costumbres sociales, están situados a una distancia sideral. Me ha gustado especialmente el agradecimiento de la jugadora al equipo como explicación fundamental de su éxito deportivo. Me ha resultado icónicamente positiva la felicitación afectuosa entre las oponentes femeninas, por lo demás, algo habitual entre competidoras. Me ha disgustado por feo, aunque sinceramente esperaba algo así, el egocéntrico comportamiento masculino sobre el valor exclusivo de sus méritos individuales.

Será por todo eso y por el valor deportivo, en inevitable crecimiento aunque todavía joven, de este deporte entre las mujeres que les recomiendo que aprovechen cuando puedan para ver fútbol femenino. Verán siempre compañerismo, verán pundonor a flor de piel, verán luchas enconadas por el balón y más empujones que en el masculino, pero no verán agresividad, ni divismo, ni narcisismo desenfrenado, ni periodistas jaleándolo. Verán deporte y no negocio. Verán auténtica motivación, motivación por el logro sin duda pero, además, auténtica motivación por la tarea, una tarea altamente gratificante para todas y cada una de ellas.

 

Ángeles Jiménez

Publicado 25/8/17

 

P.D. Según la información de la web de la UEFA, Lieke Martens ha sido finalmente la elegida por “16 seleccionadores del campeonato femenino de la UEFA, ocho técnicos de los equipos que participaron en los cuartos de final de la UEFA Women’s Champions League, y 20 periodistas especializados en fútbol femenino y seleccionados por el grupo European Sports Media (ESM)”. Me pregunto cuántas de todos ellos serían mujeres y cuántas lo serían en la elección del premio al Mejor Jugador.

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