Tres horas por Sevilla son un millar

Érase Sevilla una mañana de supuesto otoño. Érase pero no era. En la realidad Sevilla era una mañana espléndida con las ansias propias de primavera, y no podía por menos que recordar los versos de la canción de Cecilia: “Sevilla se muere de amor / Y no quiere morir callada / Quiere morir con el sol / iluminando su cara”.

¿Con qué palabras puedo ahora dar más luz a lo que ya describe la cámara de la catedral, el barrio de Santa Cruz o la plaza de España? Sólo se me ocurre incluir el apunte testimonial de las camisetas de la Carrera de la Mujer como certificación de otra feliz coincidencia emocional.

Ángeles Jiménez

Publicado 13/10/2013

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